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Valencia, 18 de julio de 2008
COMUNICADO SINDICAL CONJUNTO POR LA CALIDAD DE LA SANIDAD PÚBLICA
VALENCIANA
El Sindicato de Auxiliares de Enfermería
(SAE), el Sindicato de Enfermería (SATSE) y el Sindicato
Médico (CESM-CV), presentes en la Mesa Sectorial de Sanidad a
través de las formaciones CEMSATSE y USAE, representando a la
inmensa mayoría del personal sanitario de la Agencia Valenciana de
la Salud, asistimos con honda preocupación a la degradación de la
asistencia sanitaria de nuestra comunidad. Desde la inexistente
participación de profesionales y usuarios en la definición de las
estrategias hasta la ausencia de financiación adecuada pasando por
el mantenimiento de altos grados de precariedad laboral que doten de
mano de obra barata a los nuevos centros de gestión privada, todo
ello configura un marco que convierte la reconocida calidad nuestro
modelo sanitario en insostenible a medio plazo. La entrega a las
grandes aseguradoras privadas de departamentos enteros (Alzira,
Torrevieja, Denia, Manises, etc.) para su explotación en régimen de
concesión puede conllevar además un riesgo para la salud de la
población y una amenaza para la estabilidad laboral de los
profesionales al introducir por primera vez el beneficio como motor
del servicio sanitario público. La prevista privatización de los
aparcamientos de los hospitales o su limitación al personal fijo
introduce otro factor de agresión al convertir en gravoso lo que
desde siempre se ha considerado un derecho asociado al puesto de
trabajo.
Todos los ciudadanos hemos padecido las
inaceptables listas de espera, la angustia previa a una exploración
que nunca parece llegar, la deshumanización de unos centros no
diseñados pensando en el bienestar del enfermo y de sus familiares,
las camas en los pasillos en determinadas épocas del año, la
dificultad para acceder al médico de familia, la masificación de las
urgencias hospitalarias, la ausencia de intimidad y, en fin, la
percepción de que la sanidad pública es más un instrumento de
propaganda electoral que un servicio básico para la comunidad.
Los problemas descritos deberían ser abordados
desde el diálogo con los agentes sociales y, en concreto, con
aquellos que representan a los profesionales que se encuentran en la
primera línea asistencial. Nosotros creemos firmemente que existen
soluciones aunque todas ellas pasan por el reconocimiento de la
labor desplegada por los trabajadores sanitarios y la implementación
de instrumentos para su fidelización. No parece razonable que
nuestra comunidad genere excelentes profesionales que se ven
abocados a abandonar un sistema que no crea ni retribuye las
suficientes plazas, siendo reemplazados, en contratos no
estructurales de baja calidad, por profesionales extracomunitarios
procedentes de países con una calidad formativa no suficientemente
contrastada y menores niveles de exigencia sindical. Pero, como
siempre, la manutención de las personas que huyen de la pobreza
implica menores costes y en el currículum de la gestión de recursos
humanos no se han estudiado nunca los temas referentes a la justicia
social.
Pero si por algo ha destacado especialmente la
postura del actual equipo de la Consellería de Sanidad ha sido por
su creciente desprecio hacia los profesionales sanitarios, e incluso
hacia la legislación vigente, dado que el incumplimiento de
acuerdos, decretos, órdenes, etc. se ha convertido en una norma que
se ejerce de modo habitual y con indisimulado regocijo. No existe
una interlocución adecuada entre la administración y los sindicatos,
siendo marginados los que suscribimos este documento, a pesar de
nuestra incontrovertible representatividad, en un juego de división
del que pueden resultar víctimas, en primer lugar, las
organizaciones presuntamente beneficiadas con un envenenado favor de
audiencia. Nuestros responsables no parecen considerar necesario
mantener relaciones con quienes hemos recibido el respaldo de la
mayor parte de profesionales y protagonizamos la atención directa al
paciente. Y cuando se pierde la sensibilidad para apreciar y valorar
el esfuerzo de los profesionales sanitarios reconocidos legalmente
como tales se corre el riesgo de equivocarse de interlocutores y
buscar la complicidad de quienes solo representan a categorías de
apoyo, plenamente respetables, pero de funciones extrasanitarias. De
este modo, facultativos, enfermería y auxiliares de enfermería somos
mantenidos al margen de las negociaciones sindicales mientras que
éstas se desarrollan con administrativos, celadores, electricistas o
personal de cocina. Obviamente un despropósito de tal calibre,
probablemente inédito en España, no hay sistema sanitario que lo
resista.
La sanidad valenciana corre el riesgo de
desintegrarse, tanto por la aparición de diversos modelos
incompatibles de gestión que supondrán la ruptura de la cohesión
social, como por la fuga de profesionales hacia otras CCAA, hacia
otros estados de la UE o hacia el sector privado. Desprovista de su
factor humano más valioso la sanidad languidecerá y progresivamente
se transformará en un vergonzante e ineficaz sistema de
beneficencia. Si ese es un objetivo que se persigue de forma activa
o un mero efecto colateral de políticas equivocadas deberá decidirlo
la administración valenciana en los próximos meses, y el termómetro
de sus intenciones será el nivel de diálogo e implicación que
establezca con los profesionales sanitarios y sus organizaciones
representativas.
SAE SATSE CESM-CV
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