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EL PROBLEMA DE LAS
LISTAS DE ESPERA EN LA SANIDAD PÚBLICA VALENCIANA
A cualquier
ciudadano le resulta evidente que las dificultades para ser atendido
correctamente en caso de enfermedad son crecientes. La percepción del
problema por parte de la gente de a pie, basada en la denominada
«sabiduría popular», desmiente constantemente las cifras
irresponsablemente optimistas que esgrime la administración. Como las
desmiente cualquier análisis serio y riguroso de lo que realmente está
ocurriendo en la sanidad pública valenciana.
Puede parecer
cierto que las listas de espera quirúrgicas han disminuido en los últimos
años. Pero lo que no se dice, lo que se oculta, es que ello se ha
conseguido a costa, por un lado, del incremento desmesurado en el tiempo
de demora para la realización de las pruebas diagnósticas y, por otro, de
la masificación en las consultas externas. Dado que al paciente sólo se le
incluye en la lista para intervenir tras realizar todos los trámites
previos, el tiempo real de demora media se sitúa cerca de los dos años
desde el momento en que el afectado acude a su médico por primera vez. La
ingeniería estadística «creativa» de nuestros responsables sanitarios, sin
embargo, al confundir la parte con el todo, sólo pretende obtener réditos
políticos en base a una desinformación general perfectamente planificada.
Y es que no es
posible obtener la cuadratura del círculo. Una asistencia sanitaria de
calidad únicamente puede obtenerse cuando se está dispuesto a invertir en
el sistema y se posee la suficiente visión de futuro como para plantearse
el problema desde su verdadero carácter estructural. Las iniciativas
puestas en marcha desde 1995, al basarse en la coyunturalidad de las
listas de espera, se han limitado a sucesivos «planes de choque» que, en
realidad, sólo han beneficiado a las grandes compañías aseguradoras del
sector privado. Los recursos económicos que, en definitiva, deberían haber
revertido en la mejora del sistema han derivado en pingües beneficios
empresariales. Pan para hoy y hambre para mañana.
El gasto
sanitario público de la Comunidad Valenciana es hoy el penúltimo del
Estado Español. De modo paralelo, las 3,1 camas por mil habitantes de
nuestros hospitales contrastan con las 4,1 de media nacional y se
encuentran muy lejos de las 5,1 de Canarias y Cataluña o de las 5 de
Aragón. A su vez, contamos con 1,56 especialistas por 1000 habitantes
frente a una media nacional de 1,72. Y así, hasta el infinito. Pero, sin
embargo, el gasto farmacéutico se dispara en toda España frente al de la
UE, realidad que se correlaciona bien con un escasísimo tiempo por
consulta que se compensa con el recurso al talonario de recetas, situación
de la que se pretende hacer responsable al personal facultativo y no a una
administración que ni gestiona ni permite la participación de los
profesionales.
Un abordaje
realista que permita reducir a niveles anecdóticos las inaceptables listas
de espera que padece la población valenciana debe contemplar, de entrada,
su carácter «estructural», anclado en las características del propio
modelo sanitario y en el modo en que ha venido siendo administrado, para
introducir los siguientes elementos de reforma:
- Dotación
presupuestaria suficiente mediante un incremento del gasto sanitario
público que se proponga alcanzar los porcentajes medios de la Unión
Europea. Resulta imposible comprar calidad a precio de saldo y eso es algo
que nadie mínimamente sensato puede negar.
- Como
alternativa a los «planes de choque», optimización de los recursos
públicos, que deberán ser de la dimensión adecuada para garantizar la
autosuficiencia del sistema en las condiciones asistenciales normales.
- Reforma
radical en la actual administración burocrática de la sanidad valenciana,
dotando a los médicos de instrumentos efectivos de participación e
incorporándolos a un modelo de gestión profesional alejado de las
coyunturas políticas.
Solo de éste
modo podrán superarse los lastres que nuestra sanidad arrastra y se
logrará proporcionar a los ciudadanos el servicio al que tienen
constitucionalmente derecho. Es hora ya de que profesionales y usuarios
nos pongamos de acuerdo y enriquezcamos nuestra natural relación sin
interferencias ajenas indeseadas y distorsionadoras.
MIGUEL FERNANDEZ
PRESIDENTE
CESM-CV
07/08/02 |
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