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 El Parlamento Europeo empieza a reconocer que los médicos también somos personas

El Parlamento Europeo acepta que se trabaje 48 semanales, en vez de las 65 que se proponían al principio, y se respeta el descanso tras la guardia

Original de la Web de la CESM

La batalla está siendo dura, desde que el pasado mes de septiembre la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales de la UE se descolgó con el anuncio de que preparaba una reforma de la actual directiva sobre tiempo de trabajo que, entre otras cargas de profundidad para la profesión, obligaba a los médicos a pasar hasta 65 horas semanales en sus puestos laborales e impedía librar después de las guardias.

Sin embargo, el paso del tiempo, y con él las presiones planteadas por los facultativos europeos, está deparando que los temores iniciales que despertó esa iniciativa se hayan mitigado bastante. No han desaparecido, pero el cariz que están adoptando los acontecimientos nos permite ser moderadamente optimistas acerca de su resultado final.

La última noticia al respecto la tuvimos ayer, cuando supimos que por 31 votos a favor, 14 en contra y una abstención, la comisión de Empleo del Parlamento Europeo aprobaba las enmiendas presentadas por el ponente de la propuesta de cambio de la directiva, el diputado socialista español Alejandro Cercas.

Lo interesante de tales enmiendas es que en realidad suponen un replanteamiento ‘casi’ total de los principios originales de la directiva, toda vez que se consagra el límite máximo semanal de 48 horas, vigente en la actualidad, y se respeta también el descanso posterior a la guardia.

Otro gran obstáculo superado ha sido la supresión, a partir de 2010, del llamado ‘opt-out’, que permite la firma de contratos fuera de convenio de más de 48 horas semanales, y que Gran Bretaña, donde esta modalidad contractual está muy extendida, quería ver recogido en la nueva directiva laboral.

No obstante, y sobre este mismo punto, las enmiendas aprobadas por el Parlamento Europeo admiten que la desaparición a corto plazo del ‘opt-out’ se vea compensada con un nuevo cómputo de las horas trabajadas. De esta forma, se permitirá que un profesional pueda trabajar algunas semanas más de 48 horas, siempre y cuando ese exceso de dedicación se contrarreste con horarios más reducidos a lo largo de un período de evaluación que pasa -y esto es una novedad a apuntar en el lado negativo- de los 4 meses actuales a los 12 que se proponen ahora.

Guardias ‘inactivas’

Lo más significativo, en todo caso, de la ‘contrarreforma’ auspiciada por el eurodiputado español seguramente sea la notable pérdida de efectividad del concepto de ‘guardia inactiva’, que era el pivote sobre el que se pretendía edificar el nuevo diseño de directiva. Por guardia inactiva se daba a entender que eran aquellos períodos en los que el médico estaba en el centro pero ni veía ni trataba enfermos, por lo que querían descontarse del tiempo total trabajado. En otra palabras: que al médico podían computársele 48 horas de trabajo semanal pero pasar en su puesto de trabajo bastantes más.

El Parlamento Europeo da la impresión de que empieza a comprender nuestra indignación, aunque no es que haya dado su brazo a torcer del todo. De hecho puede decirse que se ha escudado en la ambigüedad, al reconocer, por un lado, las horas ‘inactivas’ como tiempo de trabajo y aceptar, por otro, que por convenio colectivo o por ley sean computadas “de forma específica”, esto es, computando menos en el balance global que el período restante.

Sobre este punto, pues, hay que mantener una más que justificada prevención, puesto que se continúa manteniendo una excepcionalidad para el personal médico que no es de aplicación a ningún otro trabajador.

‘Euromovimiento’

La lección, pese a todo, está aprendida. Los médicos hemos de seguir esforzándonos, como hemos hecho hasta ahora, porque la directiva final no desvirtúe los logros contenidos en la 2003/88 que está en estos momentos en vigor. Las organizaciones sindicales europeas--la CESM entre ellas-- deberemos, en consecuencia, seguir insistiendo en el planteamiento crítico que coordinadamente (‘euromovimiento’) venimos planteando desde el mes de septiembre.

En cuanto al curso de la norma, el siguiente paso se dará el 11 de mayo, cuando el texto con las enmiendas aprobadas ayer sean sometido al pleno del Parlamento Europeo. Esto será sólo unos días antes de que tenga lugar en Francia el referéndum sobre la Constitución Europea. Un detalle, por cierto, que no es en modo alguno anecdótico, ya que la oposición francesa a ratificar la consulta encuentra en la supuesta ‘liberalización’ de servicios que preconiza la UE, su mejor caldo de cultivo.

Como se sabe, la opinión del Parlamento no es vinculante, pero previsiblemente contribuirá a que se desbloquee la negociación que hay al respecto en el seno del Consejo Europeo, después de que el pasado mes de diciembre decidiera darse un tiempo de reflexión antes de tomar una decisión definitiva. A tal fin se baraja la fecha del 6 de junio como la más probable para que el Consejo vuelva a someter la nueva directiva a aprobación.

 

 

 

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