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CONTRA LA CRIMINALIZACIÓN DEL DESEMPLEO Y POR UN TRABAJO DIGNO Y ESTABLE

El gobierno español ha actuado de modo prepotente e irresponsable al recurrir a la figura del «Real Decreto-Ley» para regular una materia que no reviste carácter urgente. Hurtando los derechos constitucionales atribuídos al poder legislativo, desdeñando el diálogo social, se ha embarcado en una particular cruzada contra los desempleados en un texto legal embebido de interesadas suspicacias acerca de la honradez de uno de los sectores más débiles de nuestra sociedad.

Los médicos, en tanto que trabajadores, no podemos permanecer impasibles ante un atropello que puede afectar a muchos de nuestros compañeros y a sus familias. Si bien es cierto que siempre hemos luchado por una vinculación estable de carácter estatutario, a la que en principio no afectaría la norma, existen varias razones por las cuales debemos considerarnos plenamente implicados por su implementación y desarrollo:

La existencia de una enorme bolsa de precariedad laboral entre los facultativos valencianos configura un subcolectivo sometido a la legislación emanada del Estatuto de los Trabajadores. A estos médicos, no sólo se les puede despedir, sino que, a partir de ahora, podría exigírseles su aceptación de una «colocación adecuada» al margen y por debajo de su cualificación profesional. Al igual que a aquéllos que prestan sus servicios por cuenta ajena y en régimen laboral, bien sea en centros privados, consorcios o áreas de concesión administrativa. Estas situaciones pueden irse generalizando tras la puesta en marcha de las denominadas «nuevas fórmulas de gestión» contempladas en la prevista Ley de Ordenación Sanitaria. Y no olvidemos que, ahora, el despido, aún el improcedente, será más barato, al suprimirse el cobro de los salarios de tramitación en la gran mayoría de los casos.

La actitud adoptada por el gobierno en este caso sienta un precedente en extremo peligroso que podría repetirse en cualquier foro de negociación de cara a definir el futuro de nuestra profesión. Si al Presidente le bastan sus votos y su mayoría absoluta para arrogarse el derecho a legislar sin Parlamento ni interlocución social alguna, y así lo ha manifestado abiertamente, podemos imaginar con poco esfuerzo cuál será el modo en que se nos va a imponer el Estatuto Marco, el modelo retributivo o la Directiva Europea 93/104/CE.

Desde cualquier punto de vista, una organización sindical como CESM-CV nunca puede aceptar una disminución sin garantías ni contrapartidas de los derechos de que actualmente disponen los médicos como trabajadores. Y el Real Decreto 51/2002 lo hace holgadamente, a espaldas del hecho de que España se encuentra en el vagón de cola de la UE en cuanto a cobertura del desempleo y destina un porcentaje del PIB a protección social muy inferior al de cualquier país de nuestro entorno.

Si los recortes comienzan por los trabajadores dependientes del régimen laboral no resulta descabellado pensar que pueda estarse gestando una reforma de la función pública destinada a retrotraer los derechos del personal funcionario o estatutario a situaciones ya superadas. De hecho, este proceso ya se ha iniciado y puede profundizarse en un futuro inmediato.

En un sistema que goza de superavit y que desprotege a más del 40% de los parados, ¿cómo justificar una vuelta de tuerca más en dirección restrictiva?. Se dice que para combatir el presunto «fraude» en la percepción de las prestaciones por desempleo. Pero, en tal caso, se comienza la casa por el tejado. No pueden defenderse tamañas insensateces mientras exista una legislación que permite tributar por rentas de capital a un tipo fijo del 18% mientras los trabajadores, y los médicos entre ellos, pueden alcanzar un 48% de tipo marginal. Y, si no nos equivocamos, algún ministro del Sr.Aznar puede, amparado legalmente, rendir cuentas a Hacienda por un 35% de Impuesto de Sociedades mientras sus ingresos se disparan a niveles muy superiores a los que el IRPF gravaría con el tipo máximo. ¿Combatir los fraudes de ley? Perfecto, pero comenzando con las figuras legales que permiten eludir sus obligaciones a los poderosos. Lo contrario, lo mezquino, es desviar la atención agrediendo al más indefenso.

En definitiva: ¿se encuentran los médicos de acuerdo con que su despido sea más sencillo, con que, tras un año de cobro del paro, puedan exigirles trabajar de pinche de cocina y a 30 kilómetros de su residencia? ¿con que pueda considerarse un «trabajo adecuado» para ellos el remunerado con el Salario Mínimo Interprofesional? ¿aunque tal ocupación no cotice por la contingencia de desempleo y pueda ser a tiempo parcial o en jornada partida? Evidentemente, no es ese el futuro profesional que desde CESM-CV deseamos, ni para nuestros compañeros ni para sus hijos. Y la amenaza, real, se cierne ya desde el pasado 24 de Mayo.

Ricardo Llevata Company

SECRETARIO DE COMUNICACIÓN (CESM-CV)

08/12/2010

 

 

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