14 de febrero, Día de
los Enamorados; 15 de febrero, Día de los Desenamorados; 16 de febrero,
Día de los MIR Desencantados: una nueva fecha para reseñar en el
calendario laboral a partir de hoy, de aplicación en todo el territorio
nacional.
Hace unos meses
escribía en este mismo medio una tribuna (ver
DM del 28-X-2005) para explicar la situación en ese momento del
borrador de real decreto (RD) laboral del médico interno residente. Se
titulaba Los MIR, los sin papeles españoles. Visto, leído y releído
el actual documento, la futura ley que pretende regular y regularizar la
situación laboral demencial (que no especial) de los especialistas
en formación me parece más peligrosa que el virus de la gripe aviar.
No es admisible ni
razonable que ejercer el derecho a la huelga pueda puntuarse negativamente
en la evaluación anual del MIR o que se pueda suspender el contrato por el
hecho de ser madre o por motivo de una excedencia temporal, por poner sólo
algunos ejemplos (no lo digo yo, lo dice el borrador del real decreto).
¿Qué es esto?; ¿en qué país de exfumadores recientes vivimos?;
¿acaso ha llegado un brote de fiebre amarilla pequinesa y no nos hemos
enterado los médicos de este país?
¿Y qué se puede decir
sobre el apartado de la jornada laboral? Mejor ni hablar de ello, porque
se podría escribir una tesis doctoral para publicar en el prestigioso
New England. ¿Qué son todos esos números que aparecen en el texto:
37,5-58-48? ¿Una combinación de la bono loto del mes pasado, las
coordenadas para encontrarse en la T4 del aeropuerto de Barajas (Madrid) o
las apuestas en una ruleta bielorrusa? No; son las horas de trabajo a la
semana de los médicos internos… Ah, pero es que las cuentas no me salen,
querido señor Fernando Puig de la Bellacasa, subsecretario del Ministerio
de Sanidad: 37,5 horas de jornada ordinaria a la semana, por cómputo
semestral, más hasta siete guardias al mes. Sume, sume. A mí y a mis
compañeros nos sale un mínimo de 62,5 horas semanales de promedio y un
máximo discutible de 79,5, y digo discutible, porque los máximos en
medicina no existen. Tengo amigos que superan las 80 horas semanales y
aunque me replique el subsecretario que esa cifra no es de media, sólo
pensar en los pacientes de media de ese mes asistidos por estos
resistentes machacados me abruma. Y no me hable del verano, porque es
cuando más guardias hacemos los MIR para cubrir las vacances de adjuntos y
no adjuntos, porque, por cubrir, cubrimos hasta el puesto de celadores y
auxiliares: "Oiga señorita, ¿dónde puedo coger una cuña?".
Complementos
Sin salirnos
del peculiar real decreto propuesto por la Administración y rubricado por
casi todas las organizaciones sindicales, ¿qué podemos comentar de los
complementos? No hablo de los del Corte Inglés, sino de otros. A vista de
pájaro, con cataratas bilaterales y en lista de espera para operarse, se
aprecia que las mayores subidas se sitúan en el cuarto y quinto año de
formación. Siguiendo un proceso deductivo simple, esto significa que todos
los residentes con una formación que dure tres o cuatro años tendrán que
conformarse con una pequeña cantidad de alpiste complementario.
Si seguimos analizando
este insólito (porque antes no existía) documento, no damos crédito a su
peculiar forma ni estilo: sólo le faltan branquias para ser de aplicación
en el medio acuático, porque en el terrestre no lo concebimos. Y es que
otro apartado interesantísimo es el de la jornada complementaria, es
decir, las guardias de toda la vida y de especial interés para los jueces.
En este punto quiero recordarle al señor Puig de la Bellacasa que los
términos nunca y siempre no existen en medicina. Cuando el
texto dice que los residentes "nunca realizarán más de siete guardias al
mes" no resulta creíble, porque tendremos además de las muletillas
trilladas de "por necesidades asistenciales del servicio", las nuevas
(de falso titanio) que estrenamos con este texto: "por especial interés
formativo para el residente". Entonces podremos seguir haciendo diez
guardias al mes, con el agravante de que ahora hay un documento escrito,
un RD (que debe venir de Real Discriminación), que ampara y justifica
estas muletillas.
Sin
los médicos
Señor Puig de
la Bellacasa: no escuchan en el ministerio. Hacen las cosas a su manera y
no parecen conocer el significado de médico en formación. ¿Cómo se puede
dar luz verde a un documento con el que no está conforme la principal
organización sindical de los médicos (CESM) ni los propios implicados?
¿Cómo es posible que quieran aprobarlo sin una normativa específica que
recoja aspectos formativos de primera necesidad? ¿Acaso somos los
robocops del sistema público que vemos pacientes 24 horas y que
debemos seguir trabajando ocho horas más para formarnos mejor? Para
formarnos mejor ¿en qué? ¿En la mala praxis, en el síndrome del
profesional quemado o en el síndrome del 18 por ciento de subida salarial
en tres años? Este último se merece un artículo aparte.
Antes de terminar
quiero manifestar que, gracias a Dios, este documento no llegará a manos
de mi querido agente Mulder, de la serie televisiva Expediente X,
porque de ser así estaría convencido de que es obra de entes de otra
naturaleza diferente a la humana con el objetivo de extinguir a la raza
médica española. Pero, bueno, llegados a este punto siempre se puede
pensar que podemos traer médicos bien formados de Cuba y Polonia. A los
médicos me remito, perdón, a los medios. Yo, mientras tanto, iré
echando el currículo en una ONG con implantación en el África
subsahariana. Dicen que pagan bien y forman mejor. Además, las guardias
allí se libran siempre.