El banco del carpintero y el Estatuto del Médico.

2025-11-27T10:27:24+01:00noviembre 27th, 2025|articulo de opinion, Opina con CESM-CV|

Rafael Pérez Trullás.

Facultativo Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Delegado Sindical de CESM-CV.

En España, la reforma del estatuto marco para los trabajadores de la sanidad ha encendido una protesta inédita: los médicos, que constituyen el núcleo técnico del sistema sanitario, se sienten ignorados en la mesa donde se decide su futuro laboral. Las negociaciones avanzan entre ministerio y sindicatos generalistas, pero en esa mesa —denuncian los facultativos— apenas hay médicos. Y cuando las condiciones de los médicos se discuten sin médicos, algo esencial se resquebraja.

El motivo del conflicto va más allá de un desacuerdo puntual. Los facultativos reclaman la creación de un Estatuto del Médico, propio y separado del estatuto marco. No quieren un simple capítulo añadido o una sección simbólica. Argumentan que su trabajo tiene características únicas: guardias de 24 horas, formación prolongada y costosa, una responsabilidad legal y emocional inmensa, y riesgos laborales que no pueden equipararse al resto del personal sanitario. Piden una regulación que reconozca esas diferencias de raíz, y que sea negociada por quienes conocen el oficio desde dentro.

Mientras tanto, el Ministerio de Sanidad insiste en que el estatuto marco busca homogeneizar condiciones laborales para todo el sistema público, evitando fragmentaciones entre comunidades autónomas. Pero las comunidades replican que son ellas quienes cargan con los déficits presupuestarios y la escasez de recursos. El resultado es el habitual intercambio de culpas: el ministerio dice que la responsabilidad es autonómica, las autonomías culpan al ministerio. Y en medio de ese vaivén burocrático, los médicos vuelven a sentirse huérfanos de interlocutor.

Los sindicatos médicos —como la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM) y el Sindicato Médico Andaluz (SMA)— han denunciado repetidamente que no se les permite participar en el “ámbito de negociación” estatal. Los grandes sindicatos presentes (CC. OO., UGT, CSIF) representan a la totalidad del personal sanitario, pero no a los médicos en particular. “Se nos quiere meter en un cajón común que no refleja nuestra realidad”, lamentan. De ahí la huelga nacional realizada recientemente: una llamada de atención de un colectivo agotado, que siente que, una vez más, se legisla sobre su vida laboral sin contar con su voz.

La situación recuerda a una vieja parábola:

En un pueblo, un carpintero fabricaba muebles sólidos gracias a su banco de trabajo, pesado y estable. Un día, el ayuntamiento decidió construir un “Banco general de artesanos” para todos los oficios: herreros, zapateros, tejedores. Era bonito y versátil, pero cuando el carpintero quiso serrar una tabla, el banco se tambaleó. “No pido un banco distinto por orgullo —dijo—, sino porque mi oficio lo necesita”.

Eso mismo reclaman los médicos. No buscan privilegios, sino una herramienta laboral adecuada a su profesión. El “banco común” del estatuto marco no les sirve, porque la medicina exige otra firmeza, otra estructura, otra precisión. Tratar de igualar lo que no es igual solo conduce al deterioro.

El Estatuto del Médico no sería un capricho corporativo, sino una inversión en salud para la población. Regular adecuadamente las guardias, los descansos, las jubilaciones y la carrera profesional de los médicos no es solo una cuestión de justicia laboral: repercute directamente en la calidad asistencial, en la seguridad del paciente, en la capacidad de retener talento y evitar la fuga de profesionales al extranjero.

El sistema sanitario se sostiene sobre quienes lo habitan. Ignorar sus condiciones, negarles voz en las decisiones que definen su trabajo es como construir un hospital sobre cimientos de arena. El futuro de la sanidad pública pasa por un pacto que reconozca la singularidad del médico y la coloque en el lugar que merece.

Porque la salud de todos comienza, inevitablemente, por la dignidad de quienes nos cuidan.

El SAMU sin médico: el barco sin timonel

2025-10-23T08:50:41+01:00octubre 23rd, 2025|articulo de opinion, Opina con CESM-CV|

Rafael Pérez Trullás.

Facultativo Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Delegado Sindical de CESM-CV.

Cuenta una vieja fábula que un rey, queriendo ahorrar en su flota, decidió prescindir de los capitanes. “Los marineros conocen bien el mar —pensó—, y desde la torre del puerto un almirante podrá guiarlos por señales de humo”.

Al principio, las cosas parecían funcionar. Los barcos zarpaban, las velas se hinchaban, y los marineros seguían las órdenes que llegaban desde tierra. Hasta que una tormenta inesperada azotó la costa. Sin un capitán que tomara decisiones inmediatas, los navíos se perdieron entre las olas. Algunos nunca regresaron.

Entonces el rey comprendió demasiado tarde que la experiencia y el juicio no se pueden dirigir a distancia.

Algo parecido está ocurriendo hoy en la Comunitat Valenciana, donde faltan médicos dispuestos a trabajar en el Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU). Las condiciones laborales —sueldos bajos, contratos precarios, turnos extenuantes y falta de reconocimiento— han ahuyentado a los profesionales.

Y, en lugar de afrontar el problema con seriedad, la anterior administración optó por una temeridad: enviar ambulancias sin médico, confiando en que los enfermeros pudieran recibir instrucciones remotas desde el CICU (Centro de Información y Coordinación de Urgencias).

El resultado ha sido, como era previsible, desastroso. En emergencias, donde cada segundo y cada decisión marcan la diferencia entre la vida y la muerte, la ausencia del médico no es un matiz técnico: es una carencia vital.

El desengaño de una médico de Familia: mi límite en la sanidad valenciana

2025-10-21T11:09:52+01:00octubre 21st, 2025|articulo de opinion, Opina con CESM-CV|

Mª Soledad Botella Rodríguez

Médico de Familia y delegada de CESMCV

Sinceramente mi desilusión con la Conselleria de Sanidad es total. Lo que el conseller de Sanidad dijo que modificaría, se ha convertido en una realidad frustrante. Desde mi posición, he sido testigo de cómo se nos ha intentando vender un supuesto «consenso» que dista mucho de la realidad. Lo que tenemos es un sistema sanitario que se derrumba, sobre todo en Atención Primaria. Estamos inmersos en una espiral de burocaria, sobrecarga y desprecio por nuestra salud mental y física. Nos están empujando al limite.

Recuerdo la negociación de la jornada laboral de 37,5 horas. Se llegó a un acuerdo, pero su aplicación ha sido un espejismo. Seguimos encadenando guardias de 24 horas o más, sin tiempo real de descanso, sin la conciliación que prometieron. En la Comunidad Valenciana, la Conselleria habla de optimizar recursos, pero lo que veo es una carencia absoluta de médicos para cubrir las necesidades más básicas. Es imposible atender a la población y la demanda es inasumible.

El resultado es que nos vemos obligados a hacer un trabajo precario e incompleto. No me formaron para esto, para sentir que cada día ofrezco menos de lo que mis pacientes merecen. Se nos exige productividad inalcanzable y se nos utiliza para tapar agujeros, desviando la atención de la escasez de recursos y la mala gestión. Y, como muchos compañeros, me siento totalmente desmotivada, y francamente, entiendo a quienes deciden irse a buscar una sanidad donde se respete su profesión.

Esta sanidad pública está gravemente herida, y no por nuestra culpa. Está herida porque quienes la gestionan no cumplen sus promesas y la están descapitalizando. Exijo como profesional y como ciudadano, que se nos respete, que se invierta de verdad en nuestra formación y en recursos. Necesitamos menos «gestos» vacíos y más acciones competentes. La Conselleria tiene que usar su presupuesto para cubrir necesidades reales y dejar de asfixiar a los médicos de Primaria.

No estoy aquí para vender ni para callarme. Estoy aquí para decir que o se actúa con compromiso, o lo poco que queda de la sanidad universal y publica de la Comunitat Valenciana acabará desapareciendo por completo. Y eso, no lo podemos permitir.

Carta abierta desde la profesión médica: responsabilidad, jerarquía y respeto.

2025-10-17T08:35:16+01:00octubre 17th, 2025|articulo de opinion, Opina con CESM-CV|

Martín Ferrando Mora

Delegado del Sindicato Médico CESMCV

En los últimos meses se ha abierto un intenso debate en el sistema sanitario público sobre la reclasificación del personal de Enfermería al Grupo A1 y la propuesta de los médicos de crear un Grupo A1+, que refleje la diferencia de formación, responsabilidad y función entre ambos colectivos.

Algunos han querido ver en esa propuesta una muestra de soberbia médica. Nada más lejos de la realidad. No hablamos de jerarquías personales ni de egos profesionales, sino de cómo reconocer de forma justa la estructura de responsabilidad sobre la que se sostiene la sanidad pública.

Médicos y enfermeros trabajamos unidos en un proyecto: la salud del paciente, como lo hacen el arquitecto y el arquitecto técnico en una obra. Ambos somos profesionales cualificados, ambos planificamos y nos necesitamos mutuamente para que el proyecto, en nuestro caso la salud del paciente, se mejore. Pero sus funciones y su nivel de responsabilidad no son equivalentes.

  • El arquitecto, como el médico, diseña, firma el proyecto y asume la responsabilidad legal de que la estructura sea segura y no se caiga el edificio.
  • El arquitecto técnico, como el enfermero, supervisa y coordina la ejecución conforme al plan, pero no puede firmar ni asumir la responsabilidad legal del conjunto.

Nadie cuestiona el valor del arquitecto técnico, pero tampoco se duda de que el arquitecto, por su formación y responsabilidad, deba situarse en diferente nivel administrativo al del arquitecto técnico. En sanidad ocurre exactamente lo mismo.

El Grado en Medicina exige 360 créditos ECTS (seis años) y se completa con una residencia MIR obligatoria de cuatro o cinco años, con más de cinco guardias mensuales además de la jornada ordinaria, superando las 48 horas semanales de asistencia formativa. En total, entre diez y once años de intensa formación reglada antes de poder ejercer como especialista.

El Grado en Enfermería, por su parte, comprende 240 créditos ECTS (cuatro años) y puede completarse con una especialidad EIR de dos años, cuya carga docente y asistencial no es comparable a la del MIR.

No reconocer esta diferencia formativa y competencial en la estructura administrativa sería tanto como ignorar la realidad de las profesiones que sostienen el sistema sanitario.

El Grupo A1+ no busca privilegios, sino coherencia. No se trata de establecer jerarquías personales, sino de reflejar niveles reales de responsabilidad. El médico no solo diagnostica y trata: asume decisiones que implican responsabilidad civil, penal y ética directa sobre la vida y la salud del paciente. Esa carga no es compartida ni delegable.

Del mismo modo que el arquitecto responde ante cualquier fallo estructural que ocasione el derrumbe de un edificio, el médico lo hace ante cualquier complicación o error clínico que le cueste la vida al paciente. Esa diferencia no es simbólica, es legal y debe reflejarse en la organización del sistema.

Otro punto de debate ha sido el acceso a los puestos de gestión y dirección sanitaria. No se trata de excluir a nadie, sino de garantizar que quienes toman decisiones clínicas o estratégicas sobre profesionales médicos dispongan de la formación necesaria para hacerlo con criterio.

En una obra, el arquitecto técnico puede coordinar equipos y recursos, pero no firmar el proyecto final. En sanidad, el enfermero puede liderar unidades y gestionar recursos humanos, pero no debe tener la autoridad última sobre decisiones médicas, que requieren una formación y una responsabilidad específicas. Confundir esos límites no fortalece el sistema: lo desdibuja.

Los médicos no tememos perder privilegios, defendemos la responsabilidad. Sabemos que cada decisión errónea tiene consecuencias reales sobre la vida de las personas, y por eso defendemos una estructura clara, no por orgullo, sino por seguridad del paciente.

Del mismo modo que un arquitecto no teme al arquitecto técnico, sí exige que se le respeten sus competencias. Los médicos pedimos que se nos reconozca el valor, la responsabilidad y la carga que conlleva nuestra profesión.

Médicos y enfermeros somos aliados, no adversarios. Trabajamos en el mismo proyecto: la salud de los pacientes. Pero igual que arquitectos y arquitectos técnicos tienen formaciones y responsabilidades distintas, la sanidad necesita conservar su estructura lógica.

El A1+ no divide: ordena, reconoce y protege. Y esa claridad, lejos de restar valor a la Enfermería, la dignifica dentro de un sistema donde cada profesional sabe exactamente cuál es su papel y por qué es esencial.

Sanidad Española: la eficiencia que se cobra en médicos agotados

2025-10-13T10:36:47+01:00octubre 13th, 2025|articulo de opinion, Opina con CESM-CV|

Rafael Pérez Trullás.

Facultativo Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Delegado Sindical de CESM-CV.

España aparece en los ranking internacionales como ejemplo de eficiencia sanitaria. Con menos gasto que Francia o Suecia consigue cifras similares en mortalidad prevenible. Orgullo nacional.

Pero conviene mirar detrás de la vitrina: esa eficiencia se sostiene sobre médicos exhaustos, salarios mediocres y contratos temporales que rozan lo absurdo.

El síndrome del capataz en la Sanidad.

2025-10-02T10:36:39+01:00octubre 2nd, 2025|articulo de opinion, Opina con CESM-CV|

Rafael Pérez Trullás.

Facultativo Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Delegado Sindical de CESM-CV.

Cuando un médico llega a un cargo de poder, la lógica invita a pensar que usará su experiencia para mejorar las condiciones laborales de quienes siguen a pie de consulta. Esa fue la expectativa que generó la Conselleria de Sanidad tras el último cambio de gobierno en la Comunidad Valenciana con la promesa de implantar la jornada de 35 horas semanales reales.

Un compromiso que apuntaba a la conciliación, al descanso y a equipararnos con la mayoría de comunidades autónomas con bellas palabras como por ejemplo: “Nosotros somos unos firmes defensores de la jornada laboral de 35 horas… pero firmes defensores de la jornada laboral de 35 horas de verdad. Desde las 8 de la mañana del lunes hasta las 3 de la tarde del viernes, porque el objetivo de las jornadas de 35 horas no es ni más ni menos que la conciliación de la vida familiar y la única forma de poder conciliar la vida familiar es estipulando la jornada real” (abril de 2024).

“Desde el primer momento tuve claro que era un acuerdo a revaluar porque entendía que no era de 35 horas real, sino de reducción de jornadas… quiero buscar el equilibrio… lo que les he ofrecido ya es otro acuerdo de 35 horas reales, trabajando desde las 8 de la mañana del lunes a las 15 horas del viernes para el turno fijo ordinario, y para el rodado llegar a las 1.512 horas anuales. …Les he ofrecido empezar el 1 de enero de 2025 con este acuerdo sanitario” (noviembre de 2023).

Qué bonita es la hemeroteca de las palabras vacías…

Sin embargo, tras un giro de tuerca más, aprovechando el periodo estival se nos ofreció todo lo contrario: mantener las 37,5 horas actuales (sin contar con las jornadas de guardia que todavía las aumenta más) y, por si fuera poco, reorganizar el tiempo de trabajo de manera que pueden alargar las jornadas hasta las 13 horas diarias a cambio de las jornadas de sábado por la mañana que se venían realizando. Una solución que no solo no mejora la conciliación familiar, sino que la destroza. Además, se habían colgado la medalla en los medios de comunicación de que el ciudadano iba a tener acceso a la sanidad por las tardes (aunque sea a costa del sufrimiento de los profesionales ya maltratados que sustentan la atención al paciente). De hecho, en la gran mayoría de los centros de salud, y algunos hospitales, los ciudadanos de la Comunidad Valenciana ya son atendidos en jornada ordinaria por las tardes (antes de la aplicación de la medida en cuestión). De este último dato se podría leer un desconocimiento preocupante del funcionamiento de la Conselleria que nos regenta por parte de sus más altos directivos…

Este giro puede explicarse con un magnífico diagnóstico: “El Síndrome del Capataz”. El síntoma principal se describe como aquel que, tras haber compartido las penurias de sus compañeros, cuando es promocionado, actúa con más dureza y crueldad que quienes nunca vivieron esas dificultades (al puro estilo de Stephen en la plantación de Candyland, el esclavo capataz impecablemente interpretado por Samuel L. Jackson en la película Django Desencadenado). Todo esto lo hace para marcar distancias con sus antiguos compañeros, para justificar su cargo, para mostrar obediencia a la estructura que lo sostiene.

Y aunque no es un fenómeno generalizado, tampoco es un fenómeno aislado. Desde el Ministerio de Sanidad, también regentado por una médica, se prepara un nuevo Estatuto Marco que amenaza con perpetuar las mismas condiciones precarias que sufrimos los médicos desde hace más de 20 años. Y podríamos nombrar también infinidad de cargos intermedios “dedocráticamente” colocados por el partido político de turno que ejercen de Stephen sin darse cuenta de que los cargos no son eternos y puede que un día tengan que volver a la trinchera que no arreglaron.

Da igual el signo o el color político: la historia se repite. En muchas ocasiones cuando un médico asciende a gestor, parece olvidar que alguna vez estuvo en la trinchera.

Afortunadamente y gracias a las presiones ejercidas, la conselleria ha reculado en su apretón de tuercas al profesional de la medicina. Pero ese paso atrás solo es una medida provisional. La amenaza fantasma, la espada de Damocles sigue pululando sobre las cabezas de los médicos.

Desde el Sindicato Médico lo decimos claro: ni capataces ni falsas promesas. Necesitamos medidas reales: la jornada de 35 horas de lunes a viernes como se nos prometió a los trabajadores de sanidad, recursos suficientes, descanso efectivo y conciliación de verdad. Cualquier otra cosa es un retroceso disfrazado de reforma.

Los médicos no olvidamos y estamos dispuestos a colaborar en la mejora del sistema sanitario si se nos respeta como profesionales y se cumplen los compromisos firmados. Exigimos lo que nos corresponde: condiciones laborales dignas y respeto a nuestra profesión. Por el bien real del ciudadano. Porque sin médicos no habrá sanidad.

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