
Rafael Pérez Trullás.
Facultativo Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Delegado Sindical de CESM-CV.
Cuando un médico llega a un cargo de poder, la lógica invita a pensar que usará su experiencia para mejorar las condiciones laborales de quienes siguen a pie de consulta. Esa fue la expectativa que generó la Conselleria de Sanidad tras el último cambio de gobierno en la Comunidad Valenciana con la promesa de implantar la jornada de 35 horas semanales reales.
Un compromiso que apuntaba a la conciliación, al descanso y a equipararnos con la mayoría de comunidades autónomas con bellas palabras como por ejemplo: “Nosotros somos unos firmes defensores de la jornada laboral de 35 horas… pero firmes defensores de la jornada laboral de 35 horas de verdad. Desde las 8 de la mañana del lunes hasta las 3 de la tarde del viernes, porque el objetivo de las jornadas de 35 horas no es ni más ni menos que la conciliación de la vida familiar y la única forma de poder conciliar la vida familiar es estipulando la jornada real” (abril de 2024).
“Desde el primer momento tuve claro que era un acuerdo a revaluar porque entendía que no era de 35 horas real, sino de reducción de jornadas… quiero buscar el equilibrio… lo que les he ofrecido ya es otro acuerdo de 35 horas reales, trabajando desde las 8 de la mañana del lunes a las 15 horas del viernes para el turno fijo ordinario, y para el rodado llegar a las 1.512 horas anuales. …Les he ofrecido empezar el 1 de enero de 2025 con este acuerdo sanitario” (noviembre de 2023).
Qué bonita es la hemeroteca de las palabras vacías…
Sin embargo, tras un giro de tuerca más, aprovechando el periodo estival se nos ofreció todo lo contrario: mantener las 37,5 horas actuales (sin contar con las jornadas de guardia que todavía las aumenta más) y, por si fuera poco, reorganizar el tiempo de trabajo de manera que pueden alargar las jornadas hasta las 13 horas diarias a cambio de las jornadas de sábado por la mañana que se venían realizando. Una solución que no solo no mejora la conciliación familiar, sino que la destroza. Además, se habían colgado la medalla en los medios de comunicación de que el ciudadano iba a tener acceso a la sanidad por las tardes (aunque sea a costa del sufrimiento de los profesionales ya maltratados que sustentan la atención al paciente). De hecho, en la gran mayoría de los centros de salud, y algunos hospitales, los ciudadanos de la Comunidad Valenciana ya son atendidos en jornada ordinaria por las tardes (antes de la aplicación de la medida en cuestión). De este último dato se podría leer un desconocimiento preocupante del funcionamiento de la Conselleria que nos regenta por parte de sus más altos directivos…
Este giro puede explicarse con un magnífico diagnóstico: “El Síndrome del Capataz”. El síntoma principal se describe como aquel que, tras haber compartido las penurias de sus compañeros, cuando es promocionado, actúa con más dureza y crueldad que quienes nunca vivieron esas dificultades (al puro estilo de Stephen en la plantación de Candyland, el esclavo capataz impecablemente interpretado por Samuel L. Jackson en la película Django Desencadenado). Todo esto lo hace para marcar distancias con sus antiguos compañeros, para justificar su cargo, para mostrar obediencia a la estructura que lo sostiene.
Y aunque no es un fenómeno generalizado, tampoco es un fenómeno aislado. Desde el Ministerio de Sanidad, también regentado por una médica, se prepara un nuevo Estatuto Marco que amenaza con perpetuar las mismas condiciones precarias que sufrimos los médicos desde hace más de 20 años. Y podríamos nombrar también infinidad de cargos intermedios “dedocráticamente” colocados por el partido político de turno que ejercen de Stephen sin darse cuenta de que los cargos no son eternos y puede que un día tengan que volver a la trinchera que no arreglaron.
Da igual el signo o el color político: la historia se repite. En muchas ocasiones cuando un médico asciende a gestor, parece olvidar que alguna vez estuvo en la trinchera.
Afortunadamente y gracias a las presiones ejercidas, la conselleria ha reculado en su apretón de tuercas al profesional de la medicina. Pero ese paso atrás solo es una medida provisional. La amenaza fantasma, la espada de Damocles sigue pululando sobre las cabezas de los médicos.
Desde el Sindicato Médico lo decimos claro: ni capataces ni falsas promesas. Necesitamos medidas reales: la jornada de 35 horas de lunes a viernes como se nos prometió a los trabajadores de sanidad, recursos suficientes, descanso efectivo y conciliación de verdad. Cualquier otra cosa es un retroceso disfrazado de reforma.
Los médicos no olvidamos y estamos dispuestos a colaborar en la mejora del sistema sanitario si se nos respeta como profesionales y se cumplen los compromisos firmados. Exigimos lo que nos corresponde: condiciones laborales dignas y respeto a nuestra profesión. Por el bien real del ciudadano. Porque sin médicos no habrá sanidad.