
Martín Ferrando Mora
Delegado del Sindicato Médico CESMCV
En los últimos meses se ha abierto un intenso debate en el sistema sanitario público sobre la reclasificación del personal de Enfermería al Grupo A1 y la propuesta de los médicos de crear un Grupo A1+, que refleje la diferencia de formación, responsabilidad y función entre ambos colectivos.
Algunos han querido ver en esa propuesta una muestra de soberbia médica. Nada más lejos de la realidad. No hablamos de jerarquías personales ni de egos profesionales, sino de cómo reconocer de forma justa la estructura de responsabilidad sobre la que se sostiene la sanidad pública.
Médicos y enfermeros trabajamos unidos en un proyecto: la salud del paciente, como lo hacen el arquitecto y el arquitecto técnico en una obra. Ambos somos profesionales cualificados, ambos planificamos y nos necesitamos mutuamente para que el proyecto, en nuestro caso la salud del paciente, se mejore. Pero sus funciones y su nivel de responsabilidad no son equivalentes.
- El arquitecto, como el médico, diseña, firma el proyecto y asume la responsabilidad legal de que la estructura sea segura y no se caiga el edificio.
- El arquitecto técnico, como el enfermero, supervisa y coordina la ejecución conforme al plan, pero no puede firmar ni asumir la responsabilidad legal del conjunto.
Nadie cuestiona el valor del arquitecto técnico, pero tampoco se duda de que el arquitecto, por su formación y responsabilidad, deba situarse en diferente nivel administrativo al del arquitecto técnico. En sanidad ocurre exactamente lo mismo.
El Grado en Medicina exige 360 créditos ECTS (seis años) y se completa con una residencia MIR obligatoria de cuatro o cinco años, con más de cinco guardias mensuales además de la jornada ordinaria, superando las 48 horas semanales de asistencia formativa. En total, entre diez y once años de intensa formación reglada antes de poder ejercer como especialista.
El Grado en Enfermería, por su parte, comprende 240 créditos ECTS (cuatro años) y puede completarse con una especialidad EIR de dos años, cuya carga docente y asistencial no es comparable a la del MIR.
No reconocer esta diferencia formativa y competencial en la estructura administrativa sería tanto como ignorar la realidad de las profesiones que sostienen el sistema sanitario.
El Grupo A1+ no busca privilegios, sino coherencia. No se trata de establecer jerarquías personales, sino de reflejar niveles reales de responsabilidad. El médico no solo diagnostica y trata: asume decisiones que implican responsabilidad civil, penal y ética directa sobre la vida y la salud del paciente. Esa carga no es compartida ni delegable.
Del mismo modo que el arquitecto responde ante cualquier fallo estructural que ocasione el derrumbe de un edificio, el médico lo hace ante cualquier complicación o error clínico que le cueste la vida al paciente. Esa diferencia no es simbólica, es legal y debe reflejarse en la organización del sistema.
Otro punto de debate ha sido el acceso a los puestos de gestión y dirección sanitaria. No se trata de excluir a nadie, sino de garantizar que quienes toman decisiones clínicas o estratégicas sobre profesionales médicos dispongan de la formación necesaria para hacerlo con criterio.
En una obra, el arquitecto técnico puede coordinar equipos y recursos, pero no firmar el proyecto final. En sanidad, el enfermero puede liderar unidades y gestionar recursos humanos, pero no debe tener la autoridad última sobre decisiones médicas, que requieren una formación y una responsabilidad específicas. Confundir esos límites no fortalece el sistema: lo desdibuja.
Los médicos no tememos perder privilegios, defendemos la responsabilidad. Sabemos que cada decisión errónea tiene consecuencias reales sobre la vida de las personas, y por eso defendemos una estructura clara, no por orgullo, sino por seguridad del paciente.
Del mismo modo que un arquitecto no teme al arquitecto técnico, sí exige que se le respeten sus competencias. Los médicos pedimos que se nos reconozca el valor, la responsabilidad y la carga que conlleva nuestra profesión.
Médicos y enfermeros somos aliados, no adversarios. Trabajamos en el mismo proyecto: la salud de los pacientes. Pero igual que arquitectos y arquitectos técnicos tienen formaciones y responsabilidades distintas, la sanidad necesita conservar su estructura lógica.
El A1+ no divide: ordena, reconoce y protege. Y esa claridad, lejos de restar valor a la Enfermería, la dignifica dentro de un sistema donde cada profesional sabe exactamente cuál es su papel y por qué es esencial.