Miguel Casañ Giner

Delegado Sindical de CESMCV

HOSPITAL DR PESET

El paradigma de la sanidad publica ha cambiado mucho en las últimas cuatro décadas. Gracias a los avances terapéuticos y las nuevas tecnologías, la mayoría de los países del primer mundo se benefician de una sanidad universal de muy alto nivel.

O al menos esto se nos dice en los mass media.

Esto es ideal. Sin embargo, tanto la inmensa mayoría de los médicos como de los usuarios, tenemos la sensación real de que este marco idílico, que nos cuentan desde las administraciones, no existe en este país, o no funciona y hace aguas por todas partes. Máxime cuando la conflictividad crece día a día, y las agresiones de pacientes a médicos son una constante a la que no se pone remedio.

Nuestro principal reto es que los diferentes gobiernos pongan su atención en primer lugar en el pilar de la Sanidad: la Asistencia Primaria. Abandonada desde hace muchos años al viento de funcionamiento por su propia inercia, la medicina en atención primaria agoniza. Y existe el peligro real de su destrucción completa con el consiguiente efecto dominó en todo el sistema hospitalario.

  • Primer problema en AP: infravaloración del trabajo. La mayoría de las administraciones parecen interpretar que el trabajo del médico en AP es una labor que puede realizar cualquiera. Que bastaría una legión de personal auxiliar y de enfermería dirigido por un coordinador médico, para suplir la labor habitual de la medicina tradicional primaria.

Esto es una utopía imposible, y en la que las propias administraciones se contradicen a sí mismas. La Administración, tacaña por naturaleza en lo referente a Sanidad, invierte muy poco o casi nada en la puesta al día de los equipos. Así, nos encontramos, por ejemplo, que trabajamos con sistemas informáticos lentos y casi obsoletos, con un sistema operativo del año 2005 y con unos programas un tanto complicados en los que el médico ha tenido poca o nula participación en su diseño.

  • Segundo problema: la población. Parece que desde las altas esferas nadie se entera de que la pirámide de población en nuestro país ha cambiado radicalmente. Y con una esperanza media de vida que se sitúa alrededor de los 85 años, la cuestión de la formación de unidades de geriatría especificas parece un sueño en la nube que no alcanza a hacerse la realidad.

La población esta envejecida y esto conlleva una mayor demanda de asistencia y un mayor gasto sanitario a todos los niveles. Se hace necesario la creación de estas unidades geriátricas en todos los centros. Ello disminuiría sensiblemente la demanda y posiblemente los gastos y la duplicidad de acciones en un mismo paciente.

  • Tercer problema: la atención médica. Decía el Dr. D. Miguel Carmena, catedrático de Patología General, en aquella Aula Magna aterciopelada de la Facultad de Medicina de Valencia, allá por los años 70, que él veía imposible de atender correctamente a más de 6 pacientes nuevos al día (cifrando la atención total en no más de una docena). Se quedó un tanto perplejo cuando el Aula Magna en pleno soltó una sonora carcajada.

Sin embargo, después de cuatro décadas de ejercicio profesional, pensamos que tenía mucha razón en lo que decía. La consulta médica no puede ser un mercado continuo donde impera la oferta y demanda impuesta por los pacientes y la administración. La educación sanitaria es un completo fracaso. Muchos pacientes campan a sus anchas en sus demandas de salud y la administración hace recaer la responsabilidad de las demoras en asistencia y el mal funcionamiento en el médico. El paciente muchas veces expresa: lo quiero ahora, y lo quiero ya. Como la canción de Queens.

¿Quién puede negar las agendas monstruosas y draconianas en las que el médico es sometido a ver a más de 50 pacientes todos los santos días? Amen de los avisos domiciliarios y otros trabajos burocráticos. ¿Alguien considera que se puede entablar una confianza y una correcta relación médico paciente en apenas 5 minutos y además en ese tiempo historiar al paciente y proponerle un plan terapéutico? La mayoría de las administraciones españolas así lo creen y así lo exigen.

A las diferentes administraciones les da igual el mejor o peor nivel de la calidad de la atención prestada. Con tal de que se atienda todo lo que llega a la puerta de la consulta o a la puerta de urgencia hospitalaria, y no haya excesivas reclamaciones. Ya han acostumbrado a generar la creencia en la población de que todos los males de la sanidad los crean los “malos” de los médicos. Ante su inoperancia e incapacidad, la administración siempre busca culpables, y en Sanidad se llaman médicos. No enfermeras, no celadores, no administrativos. MÉ-DI-COS.

Impotentes para luchar contra el monstruo llamado Consellerias o consejerías de Sanidad, y ante la inacción y estancamiento de las administraciones durante años, muchos de los jóvenes y no tan jóvenes médicos de EAP prefieren probar suerte en los países del entorno de la UE. No solo porque cobran más, sino porque el ejercicio de su profesión está más dignificado y es más libre. Y donde sus agendas no sobrepasan los 20 pacientes al día en muchos casos.

Las nuevas tecnologías nos llegan con cuentagotas. Eso sí, con gran propaganda de bombo y platillo acerca de los millones de inversión que ello supone. Estamos de acuerdo en que la tecnología es cara. Por eso hay que valorar muy bien coste-beneficio y otros parámetros y no ser mas que un mero artilugio de propaganda.

En cambio, nuevas tecnologías implantadas desde hace tres décadas en nuestra Sanidad Militar y en la Pública de otros países que han demostrado su eficacia, en la nuestra brillan por su ausencia. Nos referimos a la Telemedicina.

Los que hemos tenido la gran oportunidad de comprobar sus bondades estamos maravillados. Y no entendemos cómo, esta herramienta que facilitaría enormemente a la atención sanitaria diaria, no se implanta de una forma definitiva en la sanidad pública.

La telemedicina que yo he vivido ejerciendo mi trabajo desde la otra parte del mundo, ha sido la de poder establecer on-time on-line una interconsulta médica con cualquier especialista del que necesite consejo y también diagnostico las 24 h del día y los 365 días del año.

Una telemedicina seria y muy práctica y resolutiva, que garantizaba absolutamente la confidencialidad de los participantes. Donde además de la imagen clara del paciente y el diálogo de su problema médico en pleno directo, el especialista hospitalario disponía de toda la información: datos biométricos, registros que se estaban realizando, Rx, ECG, Constantes Vitales, ECO Fast, microscopia dermatológica…

Entiendo que, el establecimiento de Unidades de Telemedicina en todos los centros hospitalarios de referencia y en todas las especialidades, con atención urgente y programada, donde el médico de EAP pudiera acceder en cualquier momento sería un gran avance. Y con certeza evitaría interconsultas múltiples y gastos inútiles. Y acortaría el tiempo para establecer un plan diagnóstico y terapéutico y las tediosas listas de espera.

Hay muchos temas a tratar, conocidos de todos. Mucho camino que recorrer. Muchas mesas de negociación que celebrar para arañarle a la administración mejoras en la calidad en la atención médica al paciente y las laborales del médico. En este instante, dada su situación preagónica, nuestro esfuerzo y el de la administración debe ser mejorar la situación de los equipos de EAP. Y eso pasa por eliminar ciertas servidumbres establecidas por algunos mandos intermedios y contratar más médicos y afianzarles en su puesto de trabajo sin que tengan que sufrir largas interinidades de muchos años. Es necesario disminuir el stress y la sobrecarga de trabajo. Cualquier otra acción será un parche que no detendrá la sangría de médicos hacia los países circundantes.