
Víctor Pedrera Carbonell
Secretario General CESM-CV
A nadie se le escapa el hecho que nuestro sistema sanitario está en crisis. Y está en crisis porque tiene un grave problema no solo de financiación, sino también de gestión, de utilización y, cómo no, y ésta es la última pieza que entra en el puzle, de profesionales, en concreto de médicos. Nos estamos quedando sin médicos, y visto lo visto, no se están adoptando las medidas más adecuadas para evitarlo o, al menos, para atenuarlo de la mejor manera posible. Y si este problema no lo abordamos de forma seria, puede que en no mucho tiempo nuestro sistema sanitario colapse porque, al igual que cualquier estructura sólida como si de un edificio se tratara, se apoya en cuatro pilares que en estos momentos están totalmente resquebrajados.
FINANCIACIÓN.
Tenemos un sistema sanitario infra financiado, al menos para el servicio que se pretende ofrecer o que se publicita que se ofrece, aunque realmente no se preste. España dedicó en el año 2022 sólo el 8,4% del PIB a Sanidad, según datos del Ministerio de Sanidad. Muy por debajo de la media de los países de la UE, porcentaje que comparativamente ha empeorado tras la pandemia y que a todas luces es insuficiente para dar una cobertura sanitaria adecuada a la población.
GESTIÓN.
Es decir, quién decide cómo se gasta de la forma más eficiente ese porcentaje del PIB que destina el Gobierno para Sanidad. Nos referimos en concreto a las direcciones generales y gerencias de los departamentos fundamentalmente. Otro pilar históricamente desquebrajado. Nuestra sanidad pública se caracteriza por tener un elenco de directores generales y gerentes seleccionados más por afinidad política y amistad personal que por su formación y capacidades técnicas. Es un sistema de selección de mandos intermedios, habitual y tradicional hasta hoy en nuestro país, pero a la vez perverso, ya que se tiende seleccionar gerentes sin la formación ni los conocimientos necesarios para una gestión eficiente y resolutiva de los recursos. Aunque esto tiene su contrapartida, ya que de esta manera se garantiza por parte del poder político una nula contestación de estos cuando las decisiones políticas chocan con la realidad del día a día y la gestión pura y dura.
USUARIOS.
Efectivamente para que algo, cualquier proyecto, funcione bien y no colapse además de estar bien dotado, dirigido y ejecutado, debe ser utilizado correctamente. No estoy diciendo que la población valenciana en su conjunto utilicen mal los recursos, evidentemente de forma global eso no es así, pero aunque sea un porcentaje minoritario el mal uso de los recursos en una realidad tangible y repercute inevitablemente en las demoras, en el aumento del gasto innecesario, el burnout de los profesionales y, en definitiva, contribuye al bloqueo del sistema, por lo tanto es necesaria la adopción por parte de la administración de medidas encaminadas a corregir o paliar en lo posible este problema.
PROFESIONALES.
Éste ha sido el pilar que más ha aguantado y, de hecho, el único que aún mantiene medio en pie el sistema sanitario y que ha impedido que hasta ahora colapse. En especial me refiero al colectivo médico que es sobre los que cae la mayor parte del peso del funcionamiento del sistema sanitario a pesar de estar mal, muy mal retribuidos y peor tratados. España es el país de la UE que proporcionalmente peor paga a sus médicos y que más precariedad mantiene en sus plantillas. Donde, además, los médicos desempeñan su actividad en condiciones, en muchos casos, tercermundistas. No es necesario recordar por poner solo algún ejemplo, las agendas sin fin de médicos de familia y pediatras de Atención Primaria, el número de guardias que se obliga literalmente a hacer a los médicos del ámbito hospitalario, especialmente en las llamadas áreas de difícil cobertura, las áreas de descanso en las guardias de los centros de salud recientemente denunciadas por el Sindicato Médico, y un muy largo etc.