
Fdo. José Miguel Mataix Piñero
Médico Especialista en Medicina Intensiva
Delegado del Sindicato Médico en Hospital General Universitario Dr. Balmis de Alicante
La práctica de la medicina es una actividad humana eminentemente vocacional, derivada del sentimiento de ayudar y aliviar a los demás en momentos de enfermedad. Desde tiempos inmemoriales, para ser médico se han exigido unos requisitos intelectuales y humanos que nos han puesto “al frente” o en lugares destacados de la sociedad, por la relevancia de lo que hacemos para la comunidad y por la consideración que merece. Se han seleccionado excelentes personas, comprometidas con sus semejantes, con el compromiso de dar lo mejor de sí mismos para esta misión.
En los últimos tiempos, el ejercicio de la medicina fuera del ámbito libre e independiente, se ha convertido en una práctica dentro de una empresa llamada sanidad pública, mutua o aseguradora.
Tenemos un “empresario” que nos pone las reglas de juego de nuestra actividad profesional.
En ese sentido y en gran parte, los médicos hemos dejado de ser factores primordiales sociales para ser empleados de una organización enorme, ciega y sorda a menudo a las propias necesidades de la sociedad o de los profesionales que emplea.
Criterios de índole economicista, comerciales, rentabilidad política o “retorno de votos”, asimetrías regionales, imposiciones externas de organismos regulaciones, tendencias políticas, egos personales, etc., condicionan el rumbo de estas organizaciones, restando peso a los criterios técnicos a la hora de conseguir que el sistema “genere más salud” al menor coste posible.
El sindicalismo nace como una herramienta destinada a contrapesar ese poder autocrático del empleador.
Es el asociacionismo sindical, el que permite aunar esfuerzos para afrontar todas las desviaciones de la organización respecto a ese camino de eficiencia y rectitud. En este sentido, solo el Sindicato Médico es sensible a esa doble misión: optimizar-facilitar la relación laboral del médico con su empleador para que pueda ejercer su profesión en las mejores condiciones y conseguir que el Sistema de salud genere la máxima salud posible al menor coste.
Respecto a la relación laboral en sí vemos que, en ocasiones, la propia administración incumple sus propias normas o hace una aplicación parcial de éstas (unos trabajadores sí y otros no) o deja de aplicarlas directamente.
Una de las labores “in vigilando” del Sindicato médico es detectar estas irregularidades y poner todo su empeño y capacidad para que se enmienden.
Así se ha conseguido por ejemplo, el reconocimiento de la carrera profesional en interinos, la exención de guardias por edad o los días adicionales de vacaciones por guardia de domingo, entre otros temas.
Usando un símil futbolístico, CESM y, en concreto, el delegado sindical, actuaría como el juez de línea en un partido, que levanta el banderín cuando se comete una acción fuera del reglamento. Nuestro deber es indicar y resaltar la anomalía. Nosotros no somos el árbitro, no podemos ser parte y juez. Si no existe reconocimiento de la irregularidad por parte del empleador, al final, el juez (verdadero árbitro del partido), dictaminará cómo se debe proceder.
Debemos estar vigilantes y debemos apoyar a los compañeros que nos solicitan consejo, analizando exhaustivamente cada caso, solicitando una valoración legal y comunicándolo a nuestro empleador para darle la oportunidad de retractarse. Agotada esta línea de actuación, toca escalar el conflicto y solicitar el auxilio judicial.
Esta es una de las funciones del Sindicato médico, uno de los motivos para ser afiliado. La realidad del médico empleado es diferente a la de cualquier otro colectivo profesional. Jornada ordinaria más complementaria, cupos de pacientes, dispersión en distintos centros sanitarios, guardias localizadas, excesos de jornada, tareas no asistenciales (investigación, docencia, formación), uso de recursos de alto coste, etc., hacen imprescindible una regulación propia para nuestro colectivo.
El Sindicato Médico es plenamente conocedor de nuestra singularidad, nuestras peculiaridades laborales y asistenciales. Nuestras reivindicaciones pueden entrar en conflicto con otros colectivos profesionales, pero aquí lo importantes es averiguar y conseguir lo que es mejor para el ciudadano, lo que es mejor para la sociedad y lo que es mejor para el médico.
Este es el segundo gran motivo para estar afiliado: saber que los delegados somos conocedores de la realidad profesional de cada colega, sus circunstancias laborales y capaces de entender sus circunstancias personales, defendiéndoles ante cualquier desviación del reglamento.
El tercer motivo para estar afiliado es la creencia de que el asociacionismo, el aunar esfuerzos, el acceso a los lugares de decisión e influencia política que provee el Sindicato médico, es la forma óptima de que un particular influya en cómo se hacen las cosas, qué derechos se reconocen o qué normativa nos regula.
Así pues, para protegernos de las parcialidades o irregularidades de la aplicación de la legislación laboral por la administración, para conseguir la regulación laboral que mejor permita nuestra tarea asistencial y por tanto su “retorno” a la sociedad y para aunar esfuerzos y dar visibilidad al colectivo médico en la sociedad, el Sindicato Médico es el mejor camino.
Afíliate. Somos médicos, entendemos tu realidad profesional y queremos mejorarla, queremos que los médicos puedan ejercer en las mejores condiciones posibles y queremos que nuestra sociedad mejore en pos de un futuro más justo, en libertad, equitativo y sostenible.