Rafael Pérez Trullás.

Facultativo Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Delegado Sindical de CESM-CV.

En la Comunitat Valenciana los centros de salud viven un drama que se repite cada día con la puntualidad de un reloj suizo y la crudeza de una tragedia griega. Los médicos de Atención Primaria empujan su piedra cuesta arriba —como el mítico Sísifo— sabiendo que, al final de la jornada, esta rodará de nuevo hasta el fondo del valle. Y aun así, mañana volverán a hacerlo. Pero ya no pueden más.

Las agendas son infinitas. Aunque el sistema se viste de «cita previa» prefijada en 35 pacientes al día (que es ya de por sí una autentica barbaridad), la realidad es que los médicos atienden no solo a sus pacientes citados, sino también a los que acuden sin cita y exigen —a veces con razón— una atención inmediata. Atienden las urgencias reales de su cupo, las de otros compañeros, las ausencias imprevistas y, entre una consulta y otra, las visitas domiciliarias urgentes. Si el SAMU no está disponible, el CICU puede movilizarlos para cubrir esas emergencias, convirtiendo al médico de Familia en una especie de héroe improvisado, sin capa, sin descanso y, muchas veces, sin coche oficial: deben usar su propio vehículo, a pesar de que una sentencia obliga a la Generalitat a proporcionar los medios adecuados para este tipo de asistencia.